13 jun. 2015

Arte y conocimiento silencioso


"Hace falta un inmenso amor capaz de inspirar este esfuerzo constante hacia la verdad, esta generosidad y esta renuncia profunda que requiere la génesis de cualquier obra de arte, ¿no es amor el origen de toda creación?" (Henri Matise)

"…afrontas una realidad que desconoces con instrumentos que no se fundan en la razón (…) la invitación de la pintura a entrar en un mundo que está más allá de las palabras es válida desde cualquier estética, pues es la aventura de la creación: ir más allá de las palabras. La palabra poética empieza justo donde el decir es imposible. Consiste en romper las fronteras de lo imposible…" (Antoni Tàpies)

El arte es una dedicación que busca conocer más allá de la construcción socialmente acordada. Con las palabras creamos el mundo. Al mismo tiempo, las palabras pueden ser el instrumento para ir más allá del mundo creado y ordenado por la palabra, como nos muestra la poesía. Del mismo modo que la pintura se sirve de líneas, formas, colores, texturas…, para adentrarse más allá de la percepción domesticada por los conceptos. El campo de acción del arte, no es ya el medio conceptual –ni es tampoco conceptual el esfuerzo de comunicación que de él puede resultar-. Su campo es, precisamente, ir más allá de la ordenación conceptual de la realidad.

Requiere silenciar al constructor utilizando los instrumentos de la construcción (la estructura lingüística, o las formas y colores, las capacidades humanas…), obligando a dar un giro a los sentidos y a las capacidades cognitivas: silencio de la construcción que pasa por el silencio del constructor, mediante la atención plena, sostenida, volcada hacia lo que existe. La atención plena exige polarización de las capacidades, y por tanto, renuncias. Exige desnudez de pre-conceptos, pre-juicios, pre-todo…, y ello constituye también un esfuerzo. Esfuerzo que no se vive como una cadena, un peso, o una muerte, sino como una desnudez liberadora, un muro que se traspasa,…

No todo el arte consiste en esto. En términos generales, la creación (considerada artística) incluye otros móviles y posibilidades, como, por ejemplo, la habilidad expresiva (plástica o lingüística) puesta al servicio de la comunicación del ego. O al servicio de la liberación de los fantasmas que agarrotan el ego del artista y ayudan a éste a sacarlos a la superficie. Pero si nos acercamos al arte desde el interés por el cultivo de la cualidad humana profunda, entonces hemos de fijarnos en el testimonio de quienes viven el arte como dimensión del conocimiento silencioso, más allá del ego.


Teresa Guardans

15 mar. 2015

El Atanor

En la Cábala, el estado de inteligencia o consciencia atribuido al décimo Sephirat se llama Inteligencia Resplandeciente. El número total del término hebreo que designa la palabra resplandeciente es 656, y esta palabra indica numéricamente las características de la Iniciación o comienzo. El numero 656 representa geométricamente el Pentagrama, símbolo del hombre, entre dos hexagramas, símbolos de las fuerzas universales.

En estos términos 656 representa que el hombre es el mediador entre el pasado cósmico infinito y el futuro cósmico infinito, eterno. 656 es también el número de la palabra hebrea que significa horno (Thanoor), de donde procede el nombre Alquímico de Atanor: “Un horno que se alimenta a sí mismo, en el cual la llama arde con una temperatura constante”. Este horno es el cuerpo humano y su llama es el Fuego de Vida.


Paul Foster Case